Tenemos dos riñones, uno a cada lado de la columna, en la parte alta de la zona lumbar y por detrás del abdomen (el llamado retroperitoneo). Su tarea principal es filtrar la sangre y eliminar, a través de la orina, las sustancias de desecho que produce el organismo.
Cuando un paciente descubre que tiene un solo riñón, lo normal es que se preocupe. La realidad es más tranquilizadora: con unos hábitos saludables y algunas precauciones, una persona monorrena puede mantener una buena calidad de vida y llevar una vida normal, sin grandes limitaciones.
El motivo es que el riñón único se adapta. Con el tiempo aumenta su capacidad de filtrado hasta asumir el trabajo que antes hacían los dos. Por eso quien tiene un solo riñón puede trabajar, hacer ejercicio, mantener relaciones sexuales o realizar esfuerzos físicos intensos con normalidad.
¿Por qué se puede tener un solo riñón?
Hay tres situaciones principales:
- Haber nacido con un solo riñón (monorreno congénito). Hoy en día suele detectarse antes de nacer, en las ecografías del embarazo. Otras veces se descubre ya en la edad adulta, por casualidad, al hacer una prueba de imagen por otro motivo.
- Haber necesitado una nefrectomía, es decir, la extirpación quirúrgica de un riñón. Los motivos más habituales son los tumores del riñón o de la vía urinaria alta, las obstrucciones de larga evolución, las piedras (litiasis), un riñón que ha dejado de funcionar, la invasión por otros tumores del retroperitoneo o un traumatismo grave.
- Haber donado un riñón en vida: personas sanas, con dos riñones, que donan uno para trasplantarlo a un paciente con insuficiencia renal avanzada.
¿Por qué hay que cuidarse más?
Tener un solo riñón no impide hacer vida normal, pero sí obliga a protegerlo: es el único que hay, y conservar su función a largo plazo es lo que evita llegar a una insuficiencia renal o a necesitar diálisis.
Además, problemas relativamente frecuentes —como las piedras, los tumores, una obstrucción de la vía urinaria o un golpe fuerte— son más serios cuando afectan a un riñón único. En ese caso conviene tratarlos antes, y su tratamiento suele ser más delicado.
Recomendaciones para cuidar tu riñón
- Hidrátate bien: entre 2 y 3 litros de líquido al día, preferiblemente agua. Modera los refrescos con gas y el alcohol.
- Haz ejercicio con regularidad: al menos tres días por semana, a intensidad moderada o alta. Ten precaución con los deportes de contacto que puedan golpear la zona lumbar, como el boxeo, la lucha o las artes marciales.
- Vigila tu tensión arterial de forma periódica.
- Come de forma equilibrada, sin exceso de sal y evitando las dietas muy ricas en proteínas.
- No abuses de los antiinflamatorios como el ibuprofeno o el dexketoprofeno. Para el dolor, suelen ser preferibles el paracetamol o el metamizol.
- Trata cuanto antes las infecciones de orina y las piedras en el riñón, y procura prevenirlas.
- Hazte revisiones periódicas: lo ideal es una consulta con análisis y prueba de imagen, con la frecuencia que tu médico decida en tu caso.
Señales de alarma: cuándo llamar a tu urólogo
Si tienes un solo riñón, consulta de inmediato con tu urólogo si notas:
- Sangre en la orina (hematuria).
- Un cólico nefrítico.
- Que dejas de orinar de forma brusca (anuria).
- Un golpe fuerte en la zona lumbar del lado del riñón.
- Fiebre junto con síntomas de infección de orina (pielonefritis).